Socializar o no socializar, esa…¿es la cuestión?


Muchas veces vemos teorías sobre socializar, no hacerlo, excederse y hasta volverse adicto a los vínculos.

Por otro lado, puedo opinar siendo palabra autorizada solamente sobre mi misma o sobre nuestros hijos, no mucho más allá. Es que no soy más que una madre, no soy socióloga, aunque me interese la sociología, la psicología, la neurología, y me guste curiosear sobre las relaciones humanas.

Y de eso se tratan mis palabras de hoy.

Hay niños, jovencitos y adultos que “mueren” por ir a una fiesta de cumpleaños, al shopping o a casa de amigos, en lo posible en grupo, y si es grande, mejor.

También encontramos muchos otros que prefieren quedarse en casa, en lugar de asistir a lugares muy concurridos. Jugar solos en lugar de “no faltar” a esas reuniones sociales. Pero también existen los que son muy selectivos y eligen solamente a quienes los une una grandísima afinidad.

Pero dentro de estos últimos ocurre, también nos pasa a muchos adultos, que no encuentran fácilmente “muchas” personas con las cuales encontrar puntos en común, afinidades, pegar onda, o como prefieran llamarlo. Y a partir de allí es que no les interesa la gran cantidad, sino las condiciones de las  personas con que entablan esas amistades. Yo suelo hacer una broma cuando describo a mi hijo menor, o a mi misma: “no soy Roberto Carlos” porque no quiero tener un millón de amigos.

Creo que esa postura de vida, también es totalmente lícita. ¿Acaso es obligatorio “querer” estar con muchas personas, siempre? En mi opinión: ¡Para nada!

El caso es que estamos rodeados de mitos, creencias populares y demás yerbas que nos hacen creer que la realidad es como la pintan esos rumores. Ese es uno de los principales motivos que lleva a los solitarios a ser mal vistos. A ser vistos como los “raros”. Como si raro no fuese sinónimo de (por lo menos) interesante.

Y un punto importante es que pareciera ser que hay alguna inclinación a estar solo que se encuentra dentro de los ítems que definen a ciertos diagnósticos. Y digo “pareciera ser” ya que en estos últimos años he leido bastante sobre los llamados diagnósticos “inventados”.

Estimados, la verdad de todo eso es que el efecto en el rótulo de un diagnóstico, en manos de nosotros, los comunes, los que no somos profesionales en psiquiatría, neurología, u otras ciencias, nos limita sin ningún beneficio. Nos lleva a pensar los “no va a poder” en lugar de llevarnos a no analizar ni separar a las personas. Y eso sería posible, desde mi humilde opinión sin mucho más que teniendo en cuenta:

  • Todos somos diferentes, individuales e irrepetibles.
  • Todos tenemos tiempos diferentes.
  • Todos tenemos intereses diferentes.
  • Todos sentimos placer con diferentes actividades, tareas y entretenimientos.
  • Todos disfrutamos en mayor o menor medida de las diferentes ramas del arte.
  • Algunos disfrutan de algún deporte, otros de otro, o de ninguno de ellos.
  • Algunos disfrutan del silencio, otros del ruido.
  • Algunos somos más sedentarios, otros más dinámicos.

Y encontraremos miles de diferencias y similitudes más.

Fíjense cuantas “diferencias” tenemos “en común”. Paradógico, ¿verdad? Es casi como decir que lo que los seres humanos tenemos de igual es que todos somos diferentes.

El caso es que dentro de esa enorme variedad de caracteres imaginen lo difícil que será estadísticamente encontrar aquellos que tengan los mismos, o la mayoría en común. Y además, parece bastante poco probable que se logre con gran cantidad de personas, excepto que alguno de esos intereses nos haya llevado a ser muy conocido por gran cantidad de gente, como es el caso de quienes son vistos y conocidos en las redes sociales, o en medios de comunicación masiva.

Por supuesto pensarán: -¡Pero no es necesario tener los mismos gustos y pasiones para entablar una amistad! Y es muy cierto. Sucede que también dentro de la gran variedad de personas que habitamos este mundo, muchos podemos darnos el lujo de no “necesitar” estar con muchos otros, y por eso mismo, nos damos el gusto de ser muy selectivos, ya que podemos tranquilamente estar solos o en grupos pequeños.

En mi caso particular, valoro y me alegra profundamente encontrar personas “en mi misma sintonía”, no encuentro muchas normalmente, pero eso es lo de menos, pues es sumamente placentero ese encuentro, por ser elegido de corazón. ¿Que si me gustaría encontrar muchas? ¡¡¡ Por supuesto que sí !!! Pero la vida me marca otra realidad, y la transito con mucha felicidad. Ojo, confieso que hace muchos años, (30, 25, 20 atrás) me deprimía mucho esa poca cantidad.

Luego, si hablamos de crianza respetuosa y libre, hay algunos momentos donde le ponemos un poco de condimento a la vida. Por ejemplo, mi hijo Lu, siendo muy reacio a salir de casa, muchas veces se perdería de conocer a personas con quienes pueda crear afinidad y con las que realmente disfrute estar. Por lo tanto, hemos utilizado un detalle que nos ha funcionado cuando nuestro instinto como padres nos indica que tal vez se dé esa magia. Es lo siguiente: a veces, por unos minutos, no respetar esas ganas de “quedarse en la cueva” como decimos en casa. Suele salir de casa del peor humor. Luego llegamos al lugar, comienza con mínimos toques de ser social, como el saludo, contar quién es, etc. Luego entabla una charla o actividad con los niños o adultos del lugar, hasta que lo perdemos de vista y hace su propia experiencia, o compartimos con él esas actividades y charlas. Al final de la jornada, termina diciéndonos: -Ma, Pa, lo pasé re bien.

Eso sí, algo fundamental: le respetamos esa personalidad, al máximo, en lo cotidiano. En pocas ocasiones le damos esa ayuda que les contaba, que consideramos necesaria para una vida equilibrada. Pues nosotros, los adultos de la casa,  hemos llegado a la conclusión de que si no tenemos 100,000 amigos, no importa. Se puede vivir sin eso. Lo que no se puede es vivir rodeados de gente con la que no se tiene afinidad, al menos en algo. Y eso es lo que intentamos ayudar a nuestro hijo a evitar.

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Socializar o no socializar, esa…¿es la cuestión?

  1. Que bueno todo lo que decís. Me detengo en ese “no faltar” a las reuniones, porque “se pierden algo” es muy común, hasta en los mismos grupos, tratan diferente a alguien si no van a determinado lado, y hacen una especie de vacío. Supongo que todo tiene que ver con los valores que son educados.
    En casa no nos desesperamos, pero si buscamos momentos de encuentro, los armamos nosotras. Eso si, disfrutamos muchísimo la soledad también. Y eso es genial!
    Saludines!!! 😉

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