Qué fascinante es cuando asumimos el compromiso de confiar.


Este es un artículo del blog amigo, de Laura Mascaró. Ella es jurista, escritora, madre unschooler española. En él comenta y comparte palabras de otra mamá, contando su historia.
Por supuesto que me sentí muy pero muy identificada con respecto a la escolaridad de mis hijos, dos de los cuales son mayores que la niña hija de esta mujer que se expresa tan pero tan claro.
Y sí, lamento no haber sabido antes de la existencia de tal crianza, o de que en nuestro país se puede. Pero estoy convencida de que uno, en general no busca la información. O por lo menos esa que de verdad te mueve las estructuras y te deja enseñanzas de vida. Esa información, me parece, “nos llega”.
Además siempre intento tener una mirada positiva y ver qué se puede hacer hoy, desde ahora en adelante, viendo qué se puede hacer, aceptando el pasado, con errores y con aciertos. Un poco enfocarse en el aquí y ahora.
A continuación, el extracto que compartió Laura, de la reflexión de esa mamá:
Algunos adultos son prisioneros de sus propias vidas. Están agotados.  Trabajan demasiadas horas, apenas ven a su familia, los hijos que tanto deseaban están en manos de instituciones o de cuidadores prácticamente desde que nacen. Trabajan para poder consumir y consumen más porque como trabajan creen que se lo merecen… Y estos adultos tal vez tuvieron éxito en la escuela.
     Y es que el éxito no son los resultados académicos, el éxito es alcanzar la felicidad. Cada cual la suya.
     Casualmente leí hace un par de días un poco sobre la “desescolarización interior” de Laura Mascaró y quedé impactada. Pueden leer sobre ello aquí. Descubrí lo fuertemente escolarizada que me siento a nivel mental. He decidido liberarme para poder liberar a mis hijos.
     Para empezar no estudiaré más con mi hija mayor. He descubierto que ella odia estudiar. He descubierto también que no es culpa de ella, que ha sido el sistema el que curso tras curso ha ido poniendo una piedra cada vez más pesada sobre sus hombros.
     Ella no está receptiva, por ello mis esfuerzos no sirven de nada. Tal vez vamos poniendo parches cada curso, cada examen o cada evaluación recuperada es el caramelito que me hace continuar pegada a ella.
     Así que ayer decidí liberarla. Ella se levantó con dolor de cabeza y no fue al instituto. Por la tarde  llamó una compañera y le dijo que había dicho el profesor de educación física que había suspendido la evaluación (supongo que por negarse a hacer el pino con la regla). También le dijo que una asignatura de refuerzo que se aprueba solo por entregar un trabajo también iba a suspenderla. Mi hija se quedó blanca, tal vez era lo único que esperaba aprobar y ahora le llegaba esta noticia.
     Les juro que a punto estuve de estallar de ira cuando me lo contó. En lugar de eso me encogí y poco a poco me hice muy pequeñita hasta quedar de rodillas junto a ella. Le dije que los adultos tenemos miedo, que yo tenía miedo y por eso a veces somos incapaces de ver más allá de nuestras narices.
     Les juro que paso dos horas y media cada día sentada al lado de mi hija ayudándole con los estudios. Por la mañana dedico otra hora a preparar apuntes o a ver tutoriales por internet  para poder explicarle algunas cosas. A pesar de eso mi hija va a suspender prácticamente todo.
     Les voy a contar por qué. Mientras yo hago eso ella piensa en otras cosas más importantes para ella, a saber: su flequillo, los pelos de sus cejas o la ropa que se pondrá mañana.
     ¿Saben ustedes que los niños tienen un interés genuino por aprender? ¿En qué momento de sus vidas les interesa más cualquier otra cosa que su aprendizaje? En el momento en el que dejan de aprender en libertad y ese es el momento en el que les quemamos con nuestras exigencias y les sobrecargamos. En el momento en el que les robamos su tiempo de juego para que hagan deberes. 
     Así que a pesar de saber que seré muy criticada por lo que voy a decir a continuación lo diré. No es mi hija la culpable de su fracaso escolar. Soy culpable yo. Son culpables los profesores que no han sabido acompañar su aprendizaje. Son culpables los políticos que hacen continuamente leyes a cual más absurda. Y es culpable usted que ha comparado en silencio a su hijo con la mía. 
     Mi hija no es culpable. Mi hija es la víctima. Otra víctima más.
     Así que ahora tiene tiempo para desintoxicarse. Se lo doy yo que soy su madre a pasar de todas las recomendaciones en contra que quieran hacerme sus profesores.
     Comenzamos un camino largo. Tantos años de escuela van a provocar que mi hija tarde en encontrarse a si misma. Ya he hablado con ella y le he dicho que se tome el tiempo que necesite. Yo no tengo prisa y por lo que veo ella tampoco. Ahora apenas tengo expectativas creadas a cerca de ella, me da exactamente igual el tiempo que tarde en sacarse la ESO, si estudia esto, si estudia aquello, si no estudia… Ahora mis expectativas están a otro nivel. Ayer volví a recordar ese momento de felicidad cuando nació y la cogí en mis brazos y no paro de preguntarme cuando, como y donde me arrebataron mis expectativas más primarias y genuinas y se instalaron en mi las malditas expectativas de esta sociedad enferma.

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