Ufa ! No quiero ir a ese cumple !


Todos sabemos que el ser humano es un ser social.

Pero voy a investigar cuál es el límite.

Porque tengo dos hijos que nunca tuvieron reparos en hacer amigos, ir a reuniones de chicos de su edad, y hasta de “cumplir” con algún pedido mío de sociabilizar cuando no tuviesen ganas.

Ahora, con Lucca me pasa que no lo veo tan pendiente de la mirada del otro, ni de la aprobación de sus pares. Pienso que tal vez Gabriel y Paulino tampoco, sino que éramos nosotros, sus padres los que disfrutábamos de que nos dijeran qué ricos eran nuestros niños.

Lu es un nene muy personal, aunque le gusta invitar a sus amigos a casa, y le encanta ir a casa de sus amigos, o conocidos a jugar. Eso sí, es muy selectivo. No siempre, y no con todo el mundo.

Muchas veces, con mucha torpeza, estando muy bien asesorada, siendo una mamá informada, cometí el error de “hacer que” vaya mi hijo a una reunión.

O en otros casos a un campamento, con las expresas palabras: “me aburrí en el campamento” el año anterior.

También sabemos cuán saludable puede ser el contacto con la naturaleza, otros niños, los adultos a cargo, que son re divertidos y simpáticos…etc. etc.

Para mis hijos mayores, mi marido, la mayor parte de la gente que conozco y para mí no hay nada más lindo que una reunión, una fiesta de cumpleaños, etc. y los disfrutamos a pleno.

Aquí viene: confieso que he forzado a mi hijo a ir a varios lugares.

Y si hubiese podido hubiese forzado a que lo inviten, jaja.

Sucede que cuando a sus 2 años y 9 meses comenzó a ser tratado por su  neuropediatra, (muy eminente y dotado de una humanidad hermosa) y varios profesionales más, una de las indicaciones era llevarlo a la mayor cantidad posible de lugares. En ese momento, y hasta su alta, sociabilizar serviría de mucho para su estimulación en el área lingüística expresiva.

Y se volvió casi una obligación para nosotros también luego de su alta.

Pero hace un par de años, comencé a ponerme más en su lugar, a observarlo, a mirarlo desde su óptica, a respetarlo. Ahí, por intuición, me di cuenta de que era hora de respetar su deseo, de acuerdo a su característica, y no forzar situaciones mientras se pudiera.

En definitiva, estoy abordando el tema del equilibrio, tan difícil de lograr cuando uno es apasionado, y quiere hacer las cosas de la mejor manera debido a que está ligado ni más ni menos que a los amores más grandes que tenemos, nuestros hijos.

Desde hace años considero al equilibrio una de las premisas para una vida y para una mentalidad saludables, para uno y para hacer felices a los que amamos.

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